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La brecha que casi ninguna empresa colombiana ha cerrado con Bre-B

Tener una llave no es lo mismo que estar integrado. La diferencia entre adoptar una tecnología y construir infraestructura sobre ella.

Por Daniel Sánchez, Chief Commercial Officer de Mouv5 min de lecturaActualizado 11 de septiembre, 2026

Bre-B nació para resolver algo simple: que dos personas se pagaran entre sí sin pedirse el número de cuenta. Meses después, ya era normal ver el aviso de “Cobra con Bre-B” en el mostrador de un comercio pequeño. Lo que todavía no ha pasado con esa misma naturalidad es que las empresas lo usen así, y ese es justamente el frente que el Banco de la República ya empezó a regular para una segunda fase del sistema, enfocada en pagos empresariales.

Bre-B lleva casi un año en producción y ya superó los 34 millones de usuarios registrados. Lo que no ha cambiado en ese año es cómo lo usan las empresas: casi todas siguen operándolo como si fuera un favor personal del tesorero, no como infraestructura de negocio.

Qué resolvió Bre-B, para quien todavía no lo tiene claro del todo

Durante años, mover dinero entre empresas en Colombia exigía tres pasos: solicitar el número de cuenta, verificarlo y esperar la ventana de procesamiento ACH correspondiente. Un error de transcripción en esos veinte dígitos significaba reprocesar la operación completa. Bre-B reemplaza el número de cuenta por una llave, un identificador único vinculado a la cuenta del receptor, y liquida la transferencia de forma inmediata, los 7 días de la semana, sin las restricciones horarias del sistema tradicional.

Para una persona natural, esto ya es un salto grande. Para una empresa, es otra cosa completamente distinta.

Por qué “tener una llave” no es lo mismo que “estar integrado”

Aquí está el punto que casi nadie en el ecosistema empresarial está viendo con suficiente claridad: que el tesorero de una compañía tenga su propia llave personal en el celular no significa que la empresa esté lista para operar con Bre-B como empresa.

Una empresa necesita algo distinto a una persona natural. Necesita roles y permisos definidos, trazabilidad de cada movimiento por cliente o proveedor, conciliación automática que no dependa de revisar extractos línea por línea, y la capacidad de emitir cobros de forma sistemática, no manual. Necesita que Bre-B esté conectado con el resto de su operación transaccional, no que viva aislado en el celular de una sola persona.

Esa es la diferencia entre adoptar una tecnología y construir infraestructura sobre ella.

Cómo se ve esto resuelto en la práctica

Un ejemplo de cómo el mercado ya está resolviendo esta brecha es lo que hemos construido en Mouv: integramos Bre-B dentro de la misma plataforma donde conviven dispersión, recaudo, ACH Connect y PSE.

Cada empresa vinculada recibe su propia llave empresarial y puede generar QR dinámico para cobrar montos variables al instante, o configurar QR de montos fijos cuando el valor del cobro es siempre el mismo, por ejemplo una cuota, una suscripción o un servicio recurrente. Todo con la misma trazabilidad y los mismos controles con los que ya se dispersa nómina o se paga a proveedores.

La lógica de fondo no es sumar una herramienta más a una operación fragmentada. Es que el riel de pagos inmediatos más usado del país entre a un sistema que ya sabe conciliar, reportar y controlar.

Hay un nivel más que casi nunca se menciona en esta conversación: esa llave no tiene que crearla solo el equipo de tesorería desde una pantalla. Puede ofrecerse mediante una API, de modo que una empresa que necesita generar llaves para sus propios clientes (cada usuario de su plataforma, cada punto de venta, cada aliado) lo haga de forma programática, sin depender de un proceso manual por cada llave nueva. Eso convierte a Bre-B de una función de uso interno en un riel que una empresa puede ofrecerle, a su vez, a los clientes de sus clientes.

Lo que casi nadie está viendo

Hay un componente adicional que vale la pena entender bien, y con precisión, porque suele malinterpretarse: operar por este riel abre un canal transaccional paralelo al que ya existe, con una lógica de costos propia, distinta a la de una transferencia tradicional. No es un descuento sobre lo que ya se paga. Es una ruta adicional para mover dinero que hoy muy pocas empresas colombianas están usando de forma deliberada.

Eso, sumado a la velocidad de liquidación y a la eliminación del error humano al compartir cuentas bancarias, cambia de forma real la manera en que una empresa puede diseñar su operación de cobros y pagos.

Y hay algo que vale la pena decir sin rodeos, porque restarle importancia sería deshonesto: Bre-B tiene límites por transacción. No está pensado para mover de una sola vez el monto completo de una nómina grande o el pago a un proveedor de alto volumen. Pero ese límite no es el final de la historia, es el principio de la siguiente: ya vienen rieles pensados específicamente para montos más altos, y las empresas que hoy tienen un aliado de infraestructura transaccional sólido van a activarlos el primer día, sin migrar de proveedor ni rearmar su operación desde cero. La eficiencia transaccional real no está en un solo riel. Está en tener un aliado que conecte a todos, a medida que van llegando.

La pregunta que vale la pena hacerse

No es si Bre-B se va a volver el estándar de pagos inmediatos en Colombia. Eso ya pasó, y los 34 millones de usuarios registrados lo confirman. La pregunta real es cuánto tiempo más va a operarlo cada empresa desde el celular de una sola persona, en vez de con infraestructura pensada para negocios, con trazabilidad, control y una visión unificada de toda su operación transaccional.

Las empresas que se muevan primero en esto no solo van a cobrar más rápido. Van a tener una ventaja operativa que a las demás les va a costar mucho más tiempo alcanzar.


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